La moral del moderno Prometeo
Como una forma de work in progress sobre el cine de Fisher, os dejo el inicio del texto publicado esta misma mañana.
Uno de los aspectos del cine realizado por Terence Fisher que genera mayor interés, además de su trabajo de puesta en escena desde dentro, es decir, “respetando los detalles mientras el conjunto es transformado”, es el que tiene que ver con el posicionamiento moral que subyace a cada una de sus propuestas. Quizá el hecho de haber gozado de mayor continuidad en su labor al frente de la serie Frankenstein, para la que realizó cinco películas, y la ventaja que le permitió mostrar una constante evolución en fondo y forma en su discurso cinematográfico alrededor de la figura literaria creada por Mary W. Shelley -sin por ello desmerecer su excelente aportación al mito vampírico-, sea un factor determinante a la hora de desplazar el peso de la reflexión moral del vampiro al moderno prometeo. En este sentido, el propio Fisher comentaba su preferencia por la figura del doctor y su criatura, como señala la siguiente declaración: “Creo que prefiero Frankenstein a Drácula, lo encuentro más interesante. La visión del mundo que permite es más rica. Por supuesto, existen paralelismos entre los dos monstruos. ¿Qué es un vampiro sino un ser que en el origen ha sido otra persona y que obedece ahora a una fuerza misteriosa que no puede controlar? El monstruo creado por Frankenstein era un hombre, exactamente varios hombres, ya que está formado por la carne y los huesos de otros hombres. He aquí un paralelismo. Hay otro a desarrollar: El fracaso inevitable tanto de Drácula como de Frankenstein”.
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