Redacted
Más de treinta años detrás de las cámaras han servido a Brian De Palma para ser calificado como un cineasta manierista o relativamente frívolo. Quizá por una excesiva pereza intelectual no se ha querido ver más allá de la figura de realizador preocupado por la construcción y el desarrollo de las imágenes, obviando el contenido que con tanto mimo rellena ese constructo visual. De Palma no sólo construye, sino que también es capaz de esgrimir una reflexión en torno a la fuerza de las imágenes insertadas en un entorno ficticio, que ulteriormente ponga en cuestión la autenticidad de las cosas y la posibilidad de mantener un discurso de verdad.
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